Alejandro Macarrón: “Nos vamos a morir como pueblo porque no tenemos hijos”

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“Nos vamos a morir como pueblo porque no tenemos hijos voluntariamente, luego en ese sentido se puede llamar suicidio”. Así de contundente se muestra Alejandro Macarrón, director general de la Fundación Renacimiento Demográfico, en una entrevista en Lacontra.tv en referencia a un tema tabú en las sociedades europeas y norteamericanas: el decrecimiento demográfico.

El entrevistado sostiene que dada la tendencia actual, en la que las mujeres españolas nacidas en España tienen una tasa de 1,28 hijos, la sociedad española está destinada a ver cómo se reduce paulatinamente en el tiempo su población. También, cómo debido al cada vez menor número de nacimientos aflorarán algunos problemas de diversa índole .

En este sentido, el entrevistado advierte de que “cobraremos pensiones pero cada vez peores” si continúan manteniéndose los datos demográficos actuales, y que “estarán insatisfechos tanto los que pagan las pensiones como los que las reciben”.

Además, declara que “la propensión a la eutanasia será creciente” debido al coste que supondrá mantener a una población cada vez más envejecida. Ya en la actualidad se dan casos en los que se maltrata a ancianos o se les mantienen en malas condiciones debido al escaso interés que hay en mantener a personas que no dan beneficio alguno.

 

 

Macarrón describe este panorama como el “invierno demográfico”, por cómo el efecto de retroacción en la demografía, la falta de nacimientos y el aumento de ancianos impactarán notablemente en la economía y en la democracia. “No hay diferencia entre una situación de extrema prosperidad, donde no hay dificultades aparentemente, y la situación actual”, responde Alejandro Macarrón, quien recuerda que “en 2007, la tasa de fecundidad de las españolas nacidas en España era de 1,26 hijos por mujer”, según Eurostat, mientras que “en 2014, después de 7 años de crisis terrible, 24% de desempleo (…) la tasa de fecundidad es prácticamente la misma, con tan sólo 1,28 hijos por mujer”. De esta manera, concluye que “antes de la crisis, las españolas tenían la misma fecundidad que ahora”.

“Las sociedades occidentales actuales destacan por su falta de voluntad en tener hijos”, afirma. A ello, añade que se ha extendido la creencia de que los niños incomodan, hacen la vida más complicada y sólo implican gastos. Además, no sólo hay menos niños, sino que el número de parejas que se casan también ha descendido y el de divorcios, por el contrario, ha ascendido considerablemente. Todo ello da como resultado una sociedad con un bajo porcentaje de nacimientos.

“En las sociedades libres tiene que haber una Ley del Divorcio y debe ser voluntario casarse, pero no es lo mismo una sociedad en la que se casan muchos y se divorcian pocos, que otra en la que se casan pocos y se divorcian muchos”, afirma el director general de Renacimiento Demográfico. Macarrón explica que el Estado no hace nada por potenciar o prestigiar el matrimonio y la estabilidad matrimonial, que representan algunas bases importantes en el aumento de la natalidad.

Otro de los elementos que favorecen el descenso de la tasa de natalidad es el hecho de que se comience a tener hijos tardíamente. Según Alejandro Macarrón, “nos hacemos adultos muy tarde” y ello tiene consecuencias a la hora de dar el paso a tener hijos. Empezamos a trabajar tarde, nos formamos durante mucho tiempo y sólo tras haber pasado estas fases nos planteamos tener hijos, cuando puede que sea demasiado tarde para tenerlos. Por ello, “el momento para tener el primer hijo es muy importante”.

“No sólo hay que hablar de maternidad, la paternidad también cuenta”, asegura Macarrón, en referencia a la escasa importancia que se le da a esta figura y a la falta de incentivos para los hombres a la hora de tener hijos.

Factores ideológicos

A estos elementos, habría que sumar, en su opinión, tres ideologías imperantes hoy en día en los países occidentales. En primer lugar el feminismo radical, que no el inicial tal y como argumenta el entrevistado, que es “antihijos” y “antimasculino”, hasta el punto de derivar en un desprestigio hacia la maternidad y hacia la mujer tradicional.

En segundo lugar, el ecologismo. “Nadie está de acuerdo con contaminar el planeta”, pero el ecologismo actual, dice Alejandro, señala que “el ser humano es el dañino” en vez de tratar de investigar “cómo disminuir la contaminación de nuestro planeta”.

En tercer lugar, la falta de voluntad de tener hijos, que por sí sola representa un impacto mucho mayor que las dos anteriores en el desarrollo de este “invierno demográfico”.

Alejandro Macarrón advierte que “la medida más importante contra el invierno demográfico es convencer a la gente de que es un problema” ya que, de lo contrario, no se favorecerá a aquellos que tienen niños. El problema no debe atajarse únicamente con políticas públicas, sino también con dinero. De lo contrario, reitera Macarrón, nos acercaremos cada vez más a una sociedad con apenas familias, sin afecto inmediato y con hijos criados en la soledad.

En este sentido, el responsable de Renacimiento Demográfico advierte sobre el panorama europeo en el contexto mundial: “En 1900, uno de cada cuatro habitantes del globo era europeo, ahora sólo es uno de cada 10, y la tendencia es a descender más”.