Padres más implicados ante el peligro de la superprotección

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Los padres han cambiado mucho. Los milenials, por lo general, no siguen el rol de sus progenitores a la hora de cuidar de sus hijos. Cambian pañales, les bañan, acuestan, dan de comer, llevan al pediatra… Son padres. Lejos han quedado los cachetes y la coerción como regla educativa. Tanto, que la situación en ocasiones se da la vuelta y son los hijos los que coartan a sus padres.

Como explica en El Mundo el psicólogo y directivo de la Federación Española de Asociaciones de Terapia Familiar Jorge Gil: “Tendemos a darles a nuestros hijos lo que nosotros no tuvimos, tanto afectivamente como de forma material”.

La sombra de la sobreprotección se cierne sobre los padres. Fruto de, en palabras del también psicólogo y terapeuta familiar José Luis Morales, “una educación permisiva y sobreprotectora, en la que prima la afectividad pero no existe la disciplina”.

La parte más oscura de esta tendencia es la que deriva en violencia. Según explica Morales, “en España hay un 3,1% de violencia física y un 12,9% de psicológica”. Violencia filioparental, claro: de hijos a padres.

¿La solución? La búsqueda del equilibrio: que no sean los hijos los que tengan que amoldarse a una suerte de tiranía de los padres, pero por supuesto que no sean los progenitores quienes tengan que hacer girar todo al capricho de sus vástagos.

Unos padres comunicativos y cariñosos, pero que sepan poner y mantener unos límites. “Muchos estudios demuestran que esta afectividad aumenta el bienestar psicológico y la autoestima de los hijos. Además, se ha demostrado también que los hijos criados en familias democráticas tienen elevadas competencias sociales y cognitivas”, explica Morales.

Los expertos apuntan que se ha avanzado en el camino de la mayor implicación paternal en el cuidado y educación de los hijos, pero la falla radica, una vez más, en las instituciones. Como explica Esther Claver, terapeuta familiar: “Si todavía no ha llegado a instaurarse del todo en nuestra sociedad es, entre otras razones, porque las políticas públicas no lo respaldan”.